martes, 16 de noviembre de 2010

¿Quién tendrá una brújula?

Es una pregunta común cuando alguien se encuentra algo desorientado en las cosas que debe hacer. Una buena reflexión tal vez pordría devolver a uno su orientación perdida hasta ese entonces. Esto en el ser humano, suena fácil.
Pero que pasa cuando es un Estado, una República o el mando del país se encuentra en esta situación. Cualquiera pensaría en que el caos reinaría en todos los frentes. Si bien un país es gobernado por un ser humano, la solución no es tan facil cuando las mismas encuentran a alguien por demás incompetente, ineficaz, falto de mando y capacidad de reconocer y aplicar el rol de jefe de Estado.
Nadie dice que ejercer esa función sea fácil. Los problemas arrecian en Paraguay. La desigualdad social, el reparto de la riqueza es desigual, de la tierra ni que decir. La pobreza que no tiene visos de solución y tiende al crecimiento.
Es asi que uno se pregunta: ¿Quién le puso una pistola en la cien a Fernando Lugo para que se candidate y luego sea presidente de la República?
Su primer año de Gobierno estuvo manchado por sus problemas personales, las demandas de filiación dejó mucho tiempo en espera a un país que urgente necesitaba despabilarse de un pasado de robos y malos conductores. Casi nada se hizo. Se pasaron en talleres de capacitación, elaboración de proyectos mientras que imperaba emprendimientos y acciones.
Su segundo año de Gobierno, además de la profundización de su mal relacionamiento con su vicepresidente Federico Franco que en varios pasajes de este año distrajo la atención a verdaderos problemas del país, también se le debe agregar la aparición de su enfermedad.
El linfoma cancerígeno que paralizó al país dio el golpe de gracia al lento caminar del Paraguay soñado. Los asuntos de Estado son dejados de lado y el presidente se pasa de reposo en reposo.
Si bien esto es necesario para su salud, también es necesario darse cuenta hasta donde puede ser gobernado un país a control remoto, sin una brújula.
A este desorientado gobierno, tampoco se escapa el Parlamento Nacional, que lejos de ayudar solo se limita a emular la vieja política criolla, del sectarismo y hacer oposición por oposición. Ningún legislador hace que haya valido la pena votarles, en todo caso justifican que se los quiera BOTAR.

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